Protocolos de lectura: cap. II, sec. 3, «La síntesis conectiva de producción».

[Synecdoche, New York (2008), o el primer paralogismo del psicoanálisis.]


Antes de ir directamente al parágrafo que nos toca quiero presentar dos consideraciones, una relativa al orden de la exposición del AE y otra relativa al orden de su investigación.

Sobre la exposición del AE. Si observamos la tabla de materias notaremos que los parágrafos 3, 4 y 5 del segundo capítulo corresponden a los parágrafos 1, 2 y 3 del primer capítulo. La triple síntesis del inconsciente, presentada así en la página 13...
en verdad –la brillante y negra verdad que yace en el delirio– no existen esferas o circuitos relativamente independientes: la producción es inmediatamente consumo y registro, el registro y el consumo determinan de un modo directo la producción, pero la determinan en el seno de la propia producción. De suerte que todo es producción: producciones de producciones, de acciones y de pasiones; producciones de registros, de distribuciones y de anotaciones; producciones de consumos, de voluptuosidades, de angustias y de dolores. De tal modo todo es producción que los registros son inmediatamente consumidos, consumados, y los consumos directamente reproducidos.
...tuvo un primer nivel de análisis en esos tres primeros parágrafos del primer capítulo: la producción deseante (producción), el cuerpo sin órganos (registro), el sujeto y el goce (consumo). El segundo capítulo regresa sobre la triple producción y vuelve a dedicar un parágrafo para cada síntesis, obteniendo ahora más y más determinaciones conceptuales, más y más realidad problemática, en una exposición claramente espiralada o, dicho en términos técnicos, en una exposición sintética

El método sintético de exposición, a diferencia del método analítico (que se apoya en algo conocido para ascender hacia lo desconocido), comienza por algún concepto oscuro y confuso para, en vez de definirlo, aislar algún elemento, clarificarlo y mostrarlo en conexión necesesaria con otros elementos hasta lograr un integración tal que aquel primer concepto oscuro revele su claridad en movimiento. En este sentido podríamos decir que mientras el método analítico es matemático o geométrico (que comienza por definiciones, axiomas y principios, para deducir los demás conocimientos cual teoremas), el método sintético es eminentemente filosófico en tanto se propone captar el movimiento mismo de lo real, mostrar la génesis de los conceptos y no simplemente definirlos como si fueran algo estático, aislado, muerto. La fuente ineludible de esta manera de hacer filosofía es Kant, fundador de la ontología moderna (tanto Hegel como Deleuze se esfuerzan por reconceptualizar las síntesis a priori, hallazgo ineludible de la Crítica de la razón pura), quien afirma en sus Prolegómenos a toda metafísica del futuro que el método sintético «exige un lector decidido, para pensar constantemente en un sistema que no pone como base nada dado fuera de la razón misma [nada dado fuera del inconsciente mismo, diría el AE según mi injerencia aberrante], y, por tanto, que trata de desarrollar el conocimiento desde sus gérmenes originarios [desde la esquizofrenia como proceso]». 


No es pedagógico el método sintético. Ramón Valls Plana, en su erudita traducción de la Enciclopedia de las ciencias filosóficas de Hegel, anota al final del §257: «El traductor [o sea, él mismo] ha pasado horas enteras para dar una versión ajustada y a la vez legible de la deducción y definición de tiempo contenida en este §. La tortura que causa al lector se debe seguramente a que el propio texto está torturado.» Cualquiera que haya experimentado la lectura de la Fenomenología del espíritu o de la Ciencia de la lógica sabe que Valls Plana no exagera. Lo que esos libros de Hegel se proponen no es describir el movimiento de lo real sino ex-ponerlo, hacerlo escritura o, más precisamente, forzar la escritura hasta hacerla concepto. Heidegger justifica así «lo rudo y feo» de Ser y tiempo: «una cosa es contar cuentos de los entes y otra es apresar el ser de los entes» (§7). Y lo mismo le cabe a Marx: en  El Capital (Crítica de la economía política) se trata de captar las conexiones necesarias del sistema en movimiento, por eso si bien el elemento inicial es «la mercancía», oscuro objeto saturado de «sutilezas metafísicas», el libro primero (que fue el único publicado por Marx) lleva por título «El proceso de producción del capital» (resalté). No se trata de una mera coincidencia de palabras con el AE y esto es todo lo que puedo decir sobre «la exposición» sin descarriar por completo el protocolo de lectura que nos toca.

Sobre la investigación del AE. Sabemos por Françoise Dosse cómo se escribió El Anti-Edipo [ir al texto de Dosse]. Sabemos que Guattari no se reconoció en el libro resultado (aunque habría sido inconcebible sin Guattari). Sabemos que Deleuze siempre estuvo tentado de reescribir la Crítica de la razón pura a partir del gesto nietzscheano que vio en la Genealogía de la moral. Sabemos que el diálogo del AE con la terminología kantiana es asiduo e intenso («trascendental», «paralogismo», «crítica inmanente», «silogismo disyuntivo», «usos legítimos e ilegítimos»...). Sabemos también que la triple síntesis productiva del inconsciente reformula el problema marxiano de la crítica de la economía política en términos de una crítica de la economía libidinal, que esto significa en el AE que no hay dualismo político-libidinal sino una sola y misma producción, es decir, que el fondo sobre el que se trazan los problemas y conceptos no es una teoría del conocimiento sino una ontología. Agrego dos elementos sobre el concepto de síntesis en el AE:

1) Se inscribe en una orientación originaria de Deleuze, quien en su estudio sobre Hume sitúa la triple asociación (semejanza, contigüidad, causa-efecto) en una ontología de las pasiones, ya que la forma de la imaginación da cuenta de las condiciones de la experiencia posible pero no de las condiciones de la experiencia real: «Es porque el hombre tiene pasiones que él asocia sus ideas», leemos en Empirismo y subjetividad. Desde aquí se podrían rastrear y poner en relación las «triples» operaciones presentes en Diferencia y repetición, Lógica del sentido El Anti-Edipo. (Por supuesto que la fenomenología tiene su lugar aquí –particularmente el concepto husserliano de «síntesis pasivas»– pero, en lo fundamental, las síntesis del AE se apoyan en aquellas investigaciones deleuzianas.)


2) Remite al momento de Crítica de la razón pura en que Kant niega la validez de una «psicología racional» (en tanto parte especial de la metafísica). Es decir, el momento de crítica a la idea de alma (el yo como sustancia simple a la que se le atribuye unidad, continuidad, personalidad y oposición a las cosas con las que se relaciona). Ese momento se encuentra en la parte segunda («La lógica trascendental»), división segunda («Dialéctica trascendental»), libro segundo («De los raciocinios dialécticos de la razón pura»), capítulo primero: «De los paralogismos de la razón pura». Así como, para Kant, del concepto de alma no se podía extraer conocimiento verdadero porque sólo expresa la estructura de la razón y sus exigencias, así también, para el AE, del concepto de Edipo no se puede extraer conocimiento verdadero del inconsciente porque sólo expresa la estructura de la conciencia y sus condiciones materiales de existencia. Allí donde Kant concedía un uso legítimo de las ideas de la razón cuando se las limitaba a una «función regulativa» para el conocimiento verdadero, aquí el AE concede un uso legítimo de las síntesis del inconsciente en relación a condiciones prácticas que definen ese uso. Donde para Kant era inválida una psicología racional, para el AE es válida una psiquiatría materialista.

Ahora sí, por fin, parágrafo 3 del capítulo II: «La síntesis conectiva de producción».


Sus dos usos, global y específico, parcial y no específico. Conviene retomar desde el final del primer capítulo, no sólo para dar una muestra más del carácter espiralado (sintético) de la exposición sino también para ubicarnos en el campo problemático con la mayor exactitud que nos sea posible: «No se trata de negar la importancia vital y amorosa de los padres. Se trata de saber cuál es su lugar y su función en la producción deseante, en lugar de hacer a la inversa, haciendo recaer todo el juego de las máquinas deseantes en el código restringido de Edipo» (52). He aquí el asunto: presencia y función del familiarismo en el deseo. «¿Cómo se forman los lugares y funciones que los padres van a ocupar...?» (52), siendo que al nivel de la producción inmediata nada implica necesariamente un registro del deseo triangulado en funciones parentales.

El uso legítimo (parcial y no específico) y el uso ilegítimo (global y específico) se ejemplifican con la novela de Proust En busca del tiempo perdido («la Recherche», dice el AE), en base a investigaciones previas (y no tan previas) de Deleuze [click acá para ver a qué me refiero]. Lo relevante de la Recherche, acá, son dos cosas (74-6): que el narrador es inasignable (como el proceso esquizofrénico) y que se opone una homosexualidad edípica a una esquizoide (como se opone el uso ilegítimo al legítimo). Estos ejemplos literarios permiten introducir la operación simultánea de (a) diferenciación sexual (específica) de las personas (globales) y (b) prohibición constituyente del parentezco: al nivel de la producción de producción (síntesis conectivas), el deseo recibe objetos completos para un sujeto fijo; al nivel de la producción de registro (síntesis disyuntivas), ese sujeto fijo recibe la prohibición del incesto y ésta causa el deseo de lo prohibido (76). Aquí se forma el triángulo edípico (76-7), en y por la prohibición de cojer con mamá y de matar a papá. Esta formación del triángulo papá-mamá-yo, esta forma, se asegura la reproducción en el ida y vuelta entre el nivel conectivo (producción) y el nivel disyuntivo (registro).


Familia y pareja, filiación y alianza: la triangulación. La doble prohibición del incesto y del parricidio constituye los objetos prohibidos: las personas globales mamá y papá. O sea que la prohibición desplaza al deseo en tanto que crea en y para el deseo los objetos deseados: «la descripción edípica no se impone en las síntesis de registro sin reaccionar sobre la síntesis de producción, y transforma profundamente las conexiones de esta síntesis al introducir nuevas personas globales» (77). Estas nuevas personas son la hermana (nueva prohibición de incesto pero positiva, ya que la hermana sirve para el intercambio, la exogamia, la apertura familiar al exterior) y la esposa («una mujer que no sea mi hermana para constituir la base diferenciada de un nuevo triángulo cuya cima, cabeza abajo, será mi hijo» (77)). Formación y reproducción de Edipo: «El triángulo se forma en el uso parental y se reproduce en el uso conyugal» (78).

Causa de la triangulación. «Todavía no sabemos qué fuerzas determinen esta triangulación [...] Pero al menos podemos seguir, someramente, la manera en que esas  [la façon dont ces] fuerzas proceden» (78). Ya se dijo que «todo el problema de Edipo es justamente éste: ¿bajo la acción de qué fuerzas se cierra la triangulación edípica?» (52) y, al parecer, todavía no puede responderse a esta altura del libro. Apenas podemos seguir la manera en que esas fuerzas proceden, sin saber por ahora qué fuerzas son. Esto significa que se expondrá la causa formal de la triangulación, no todavía su causa real. Y esa causa formal es el significante, que «hace posible la forma del triángulo y su reproducción» (79). El significante, se llame falo o ley, introduce un elemento trascendente y ausente: trascendente, porque se erige como un todo organizador de partes (mientras la lógica del AE afirma que partes y todos derivan de las multiplicidades); ausente, porque establece una plenitud inalcanzable, es decir, introduce la carencia en las multiplicidades (al convertirlas en partes dependientes de un todo: mujeres sin pene; varones con miedo a perderlo). Así se produce una conversión, en sentido ontológico y también religioso, de las transexualidades parciales inespecíficas en sexualidades edípicas globales especificadas: «proyección de todos los cortes-flujos sobre un mismo lugar mítico, de todos los signos no significantes en un mismo significante mayor» (79). Contra esta conversión el AE exige una reversión, inversión o subversión del psicoanálisis .

Primer paralogismo del psicoanálisis: la extrapolación. Ya había aparecido: «consiste en pasar del objeto parcial separable a la posición de un objeto completo separado (falo). Este paso implica un sujeto determinado como yo fijo bajo tal o cual sexo, que necesariamente vive como una carencia su subordinación al objeto completo tiránico» (66). Tomar una parte separable como si fuera un todo separado: eso es la extrapolación. «No negamos que haya una sexualidad edípica, una heterosexualidad y una homosexualidad edípicas, una castración edípica — objetos completos, imágenes globales y yoes específicos. Lo que negamos es que sean producciones del inconsciente» (80). Es decir, el AE no niega a Edipo. Niega que el inconsciente se organice edípicamente. El falo-ley-significante es una parcialidad entre parcialidades, no el centro necesario de distribución de los sexos, las personas y las significaciones.

Uso trascendente y uso inmanente. Que aparezcan los términos «paralogismo», «uso legítimo e ilegítimo», «trascendente», etc., impone el diálogo con Kant, como dije al comienzo. El AE muestra las cartas en uno de sus pasajes más relevantes de todo el libro: 
Si utilizamos una vez más términos kantianos es por una simple razón. Kant se proponía, en lo que él llamaba revolución crítica, descubrir criterios inmanentes al conocimiento para distinguir el uso legítimo y el uso ilegítimo de las síntesis de la conciencia. En nombre de una filosofía trascendental (inmanencia de los criterios) denunciaba el uso trascendente de las síntesis tal como aparecía en la metafísica. Del mismo modo, debemos decir que el psicoanálisis tiene su metafísica, a saber, Edipo. Y que una revolución, esta vez materialista, no puede pasar más que por la crítica de Edipo, denunciando el uso ilegítimo de las síntesis del inconsciente tal como aparece en el psicoanálisis edipiano, de modo que recobre un inconsciente trascendental definido por la inmanencia de sus criterios, y una práctica correspondiente como esquizoanálisis. (81)
La analogía es obvia: así como Kant combatía lo metafísico de la filosofía, el AE combate lo edípico del psicoanálisis; así como Kant se proponía una revolución crítica, el AE se propone una revolución materialista; así como Kant denunciaba el uso trascendente de las síntesis de la conciencia, el AE denuncia el uso trascendente de las síntesis del inconsciente. Menos obvio es el juego de manos terminológico operado al decir que Kant se refería a las síntesis de «la conciencia» –no de la razón, no del entendimiento– para poder hablar, inmediatamente, de un «inconsciente trascendental» –no de un sujeto trascendental–. Así no me resulta difícil leer que el AE, en tanto reescritura de la Crítica de la razón pura, es una Crítica del inconsciente trascendental. Y una diferencia más. Crucial. Ya no se trata, como en Kant, de hacer filosofía, sino de hacer esquizoanálisis. Lo cual significa que la crítica teórica, la denuncia del uso ilegítimo de las síntesis exige «una práctica correspondiente». Y, como dije en el segundo protocolo de este segundo capítulo, esa práctica consiste en un esfuerzo simultáneo por disponer [agencer] la clínica a la captura por otras fuerzas (artísticas, científicas, políticas) y disponer otras fuerzas a la captura de la clínica. Esquizoanálisis: «análisis militante», «psicoanálisis político y social», «crítico», «materialista» y «trascendental» (81, 87-8, 104, 115...).


Referencias bibliográficas

Gilles Deleuze, Empirismo y subjetividad, trad. Hugo Acevedo, Barcelona, Gedisa, 2002.
Immanuel Kant, Prolegómenes a toda metafísica del futuro, trad. Julián Besteiro, Buenos Aires, Losada, 2005.
Immanuel Kant, Crítica de la razón pura, trad. Mario Caimi, ed. bilingüe alemán-castellano, México, FCE, 2011.
Eduardo Vásquez, Ensayo sobre la dialéctica (Estudios sobre la dialéctica en Hegel y Marx), Caracas, Pomaire, 2010.





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