Protocolos de lectura: cap. II, sec. 1, «El imperialismo de Edipo».



[Star Wars: The Empire Strikes Back (1980), o el imperialismo de Edipo.]



Ingreso al segundo capítulo: «Psicoanálisis y familiarismo. La sagrada familia», guiño al primer libro que Marx y Engels realizaron juntos, La sagrada familia, cuyo subtítulo es Crítica de la crítica crítica contra Bruno Bauer y consortes. Veremos si es sólo un guiño o si, además, el capítulo arremete tanto contra el compromiso del psicoanálisis con el familiarismo como contra cierta «sagrada familia» de psicoanalistas.

Sigo la tabla de materias.

Sus modos. Hay un «Edipo restringido», que es la constelación familiar en persona, y un «Edipo generalizado», que tiene tres formas: Edipo de serie, Edipo de grupo, Edipo de estructura. Los «modos» del «imperialismo» de Edipo son estas tres formas de su generalización. Edipo de serie: «tiene en cuenta, para cada sujeto de ambos sexos, una serie intensiva de pulsiones, afectos y relaciones que unen la forma normal y positiva del complejo con su forma inversa y negativa» (57). Edipo de grupo: «coexistencia en extensión de los propios sujetos y de sus interacciones múltiples [...] reúne familiares colaterales, descendientes y ascendientes» (57). Edipo de estructura: «verdadero alcance» de los dos modos precedentes (58), «sistema de lugares y funciones que no se confunden con la figura variable de los que vienen a ocuparlos en determinada formación social o patológica» (57). En términos más esquemáticos: Edipo de serie concierne al sujeto (serie intensiva); Edipo de grupo concierne a las interacciones entre sujetos (coexistencia extensiva); y Edipo de estructura, a las posiciones funcionales (estructura simbólica). Los dos primeros modos, de serie y de grupo, corresponderían al orden imaginario (Freud), mientras que el tercero, de estructura, correspondería al orden simbólico (Lacan). «Es evidentemente cierto que los dos modos precedentes de generalización [serie y grupo] no encuentran su verdadero alcance más que en la interpretación estructural» (58). De manera que, al criticar estos tres modos, el AE ataca simultáneamente las dos concepciones principales del psicoanálisis:
¿La verdadera diferencia no estará entre Edipo, estructural tanto como imaginario, y algo distinto que todos los Edipos aplastan y reprimen: es decir, la producción deseante —las máquinas del deseo que ya no se dejan reducir ni a la estructura ni a las personas, y que constituyen lo Real en sí mismo, más allá o más acá tanto de lo simbólico como de lo imaginario? (58)
Esta pregunta, si bien es retórica, obtendrá una respuesta directa en la p. 89. Pero, por ahora, dejo esta inquietud a partir de esa cita: sobre la tríada lacaniana de lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real, el AE distribuye posiciones de batalla para ubicar a Freud del lado de lo imaginario, a Lacan del lado de lo Simbólico y, frente a esos dos campos, un tercer campo defendido por el AE y que es el campo de lo Real. ¿Qué es este Real para el AE? Esta es mi inquietud y vuelvo a sugerir la lectura de este artículo de Leclaire: «La realidad del deseo». Otra cosa que me llama la atención es esta frase: «Nosotros incluso creemos en este Edipo que se nos presenta como una especie de invariante» (58). ¿Qué esta especie de invariante?

El viraje edípico en el psicoanálisis. Laplanche y Pontalis dan una explicación del viraje edípico de las investigaciones de Freud que no satisface a Deleuze y Guattari (59). Según el AE, Freud descubrió la producción deseante y se aterró con su descubrimiento: «Como si Freud hubiese hecho marcha atrás ante ese mundo de producción salvaje y de deseo explosivo, y a cualquier precio quisiese poner en él un poco de orden, un orden ya clásico, del viejo teatro griego» (60). Claro que estas son interpretaciones de la subjetividad de Freud que no aportan mucho a la problemática central del libro (aporta buenos chistes, como «¿qué significa: Freud descubre a Edipo en su autoanálisis? ¿En su análisis o en su cultura clásica goethiana?»), para la cual conviene tener presente cómo termina el primer capítulo: «el psicoanálisis no innova, sino que concluye lo que había empezado la psiquiatría del siglo XIX [...] Entonces, en vez de participar en una empresa de liberación efectiva, el psicoanálisis se une a la obra de represión burguesa más general» (54).

En Conversaciones, leemos esto:

¿Es esto lo que quieren decir cuando hablan de un «giro idealista» en psicoanálisis, aso‐ciado a Edipo, y cuando se esfuerzan en oponer al idealismo psiquiátrico un nuevo materialismo? ¿Cómo se articulan el materialismo y el idealismo en el dominio del psicoanálisis?
G. D.— El objeto de nuestros ataques no es la ideología del psicoanálisis sino el psicoanálisis en cuanto tal, tanto en su práctica como en su teoría. Y no hay, en este aspecto, contradicción alguna en sostener que el psicoanálisis es algo extraor-dinario y, al mismo tiempo, que desde el principio marcha en una dirección errónea. El giro idealista está presente desde el comienzo. Pero no es contradic-torio: aunque la putrefacción ya está en el origen, en ella crecen espléndidas flores. Lo que nosotros llamamos idealismo en el psicoanálisis es todo un sistema de proyecciones y reducciones propias de la teoría y de la práctica del análisis: reduc-ción de la producción deseante a un sistema de representaciones llamadas incons-cientes, y a las formas de motivación, de expresión y de comprensión correspon-dientes; reducción de la fábrica del inconsciente a un escenario dramático, Edipo o Hamlet; reducción de las catexis sociales de la libido acatexis familiares, desviación del deseo hacia coordenadas familiaristas, Edipo, una vez más. No queremos decir que el psicoanálisis haya inventado a Edipo. Se limita a responder a la demanda, cada cual se presenta con su Edipo. El psicoanálisis no hace más que elevar Edipo al cuadrado —un Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo— en la ciénaga del diván. Pues, ya sea familiar o analítico, Edipo es fundamentalmente un aparato de represión de las máquinas deseantes, en absoluto una formación propia del incon-sciente en cuanto tal. Tampoco deseamos sostener que Edipo, o sus equivalentes, varíen según las formaciones sociales consideradas. Estamos más inclinados a creer, como los estructuralistas, que se trata de una constante. Pero es la constante de una desviación de las fuerzas del inconsciente. Por eso atacamos a Edipo: no en nombre de unas sociedades que no implicarían a Edipo, sino debido a la sociedad que lo implica de un modo eminente, la nuestra, la capitalista. No atacamos a Edipo en nombre de ideales pretendidamente superiores a la sexualidad, sino en nombre de la propia sexualidad, que no se reduce al «sucio secretito de familia». No establecemos diferencia alguna entre las variaciones imaginarias de Edipo y la constante estructural, puesto que se trata en ambos extremos del mismo atolladero, del mismo avasallamiento de las máquinas deseantes. Lo que el psicoanálisis llama la solución o la disolución de Edipo es en extremo cómico, ya que se trata preci-samente de la puesta en marcha de la deuda infinita, el análisis interminable, la epidemia edípica, su transmisión de padres a hijos.
Producción deseante y representación. De manera que «el viraje» habría consistido en reprimir la salvaje y aterradora producción descubierta con tranquilizantes y confortables representaciones: «ahí radica lo esencial: la reproducción del deseo da lugar a una simple representación, en el proceso de la cura tanto como en la teoría» (60).

El abandono de las máquinas deseantes. Pero esa explicación del «viraje» tampoco satisface a Deleuze y Guattari. De hecho, ponen en duda que haya habido un «viraje». Tal vez todo estuvo mal desde el comienzo y por eso se hace una analogía con la revolución rusa: «nunca sabemos cuando empezó a andar mal» (61). 



No hay un «viraje edípico del psicoanálisis» porque el psicoanálisis ya nació «virado» desde el momento en que sus presupuestos son idealistas: «Edipo es el viraje idealista» (61). Una vez inoculada la carencia de objeto, es decir, el objeto ausente que daría sentido y vitalidad al deseo, el deseo es cualificado por las cualidades de ese objeto. Y, si nació virado (¿como la revolución rusa?), entonces la tarea materialista consiste en revirarlo:
¿Se trata tan sólo de edipizar incluso al esquizo? ¿O se trata de algo distinto, de lo contrario? ¿Esquizofrenizar, esquizofrenizar el campo del inconsciente, y también el campo social histórico, de forma que se haga saltar la picota de Edipo y se recobre en todo lugar la fuerza de las producciones deseantes, y se reanuden en el mismo Real los lazos de la máquina analítica, del deseo y de la producción? (58-9)
Tremenda historia de un error: «Todo surge ahí, empezando por el carácter inenarrable de la cura, su carácter interminable altamente contractual, flujo de palabras contra flujo de dinero» (61). El parágrafo finaliza con dos referencias notables: una al hombre del magnetófono [ir al texto, con prólogo de Sartre] y otra a El Capital, por si a alguien le caben dudas acerca de cuál es el horizonte político en el que se inscribe el propósito del AE...


Referencias bibliográficas

Marx, Karl y Engels, Friedrich, La sagrada familia (Crítica de la crítica crítica contra Bruno Bauer y consortes), trad. Carlos Liacho, Madrid, Akal, 1981.

Gilles Deleuze, Conversaciones.


2 comentarios:

  1. hola, necesito comunicarme con la persona que realizo esta lectura del antiedipo, pues estoy preparando una presentacion sobre el tema y necesito algún dato de quien escribe el blog. Mi mail de contacto es nico@cu.com.py

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  2. Es un hecho que las producciones científicas buscan constantes universales para explicar y describir fenómenos que investiga.Esta tendencia a la aplicación de lógicas identitarias que reúnen elementos en conjuntos, sea en paradigmas de simplicidad o complejidad,es una necesidad que se instala en la ciencia moderna de los últimos siglos. Es parte de la vocación de encontrar las constantes generales que explican el funcionamiento de los eventos del cosmos sin recurrir a Dios. En el caso freudiano uno puede entender esto en una conferencia del autor que se llama en torno de una cosmovisión.
    Y metiéndome con Edipo hay que atender al concepto o noción que lo precede que es el término COMPLEJO, término muy explotado por Jung y que tiene una configuración que lo acerca a las formas de ESTRUCTURA. Anagógica y analitica. (Digamos que muchas personas se sienten "acomplejadas" y eso los lleva a la terapia). Encontrarse con Edipo es entrar en una zona de confort teórica, un ordenador que me permite explicar la elección de objeto sexual, un operador teórico que reduce la incertidumbre y la angustia de la diversidad conjunta que encuentro en el dispositivo clínico (lo esquizofrénico). Luego elevar a la categoría de única explicación la alianza de complejos que es el de Edipo y el de Castración, que la termina de consagrar Lacan durante décadas (hasta que se queda con la triada goce, real y falo),cumple una misión ambivalente: poner en visibilidad la manera sociohistorica que encuentra el capitalismo de la modernidad para normalizar en función del patriarcado y la masculinidad dominante, siendo la familia la agencia privilegiada encargada de la socialización para la explotación; invisibilizar las formas que los COMPLEJOS pueden asumir para ser alternativas, es decir que se puede hacer una vez que sabemos que la alianza edipo- castración esta en la base de todos nuestros síntomas, y de manera dominante. En este sentido el problema es político y hace obstáculo en la teoría y la practica (obstáculo epistemologico).

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