Una introducción a la vida no académica...



[Encuentro del TLAE 2013 en Anarres, Tigre.]

Una introducción a la vida no académica

Federico Yamamoto
Mariano A. Repossi


1. Contingencia y necesidad. El grupo de lectura del Anti-Edipo (GLAE) surge en uno de esos puntos de encuentro entre el azar y la organización. A mediados de 2006, un compañero que estaba terminando la carrera de Antropología y que venía leyendo a Michel Foucault con alegría, se topó con el prefacio a la edición estadounidense de El Anti-Edipo. Ese prefacio, un texto breve y potente [que puede leer clickeando acá], empujó a nuestro compañero de Antropología al abordaje de El Anti-Edipo, libro de cuyas dificultades a la hora de leerlo no daremos detalles. Bástenos señalar aquí que fue la atracción de esta lectura lo que inició una cadena de mails y de coincidencias con otras y otros que ostentaba inquietudes similares e indagaban textos en la misma dirección, todo lo cual obtuvo como deriva destacada la constitución del GLAE [devenido en 2009 TLAE: Taller de lectura de El Anti-Edipo]. Hasta aquí, la parte que le tocó jugar al azar de los encuentros. Hablemos de su organización. 

2. Un «fantasma de grupo» recorre el mundo. Desde hace años existen grupos de lectura y estudio practicados, principal pero no únicamente, por personas ligadas directa o indirectamente al ámbito universitario. Entre esos grupos de estudio nos interesa destacar aquellos que cuentan ciertas características peculiares que pasamos a individualizar. Autoorganización: todas las decisiones referidas al grupo, tanto las que se dirigen al contenido (temas y textos de trabajo) como las que se dirigen a la forma (dinámicas, horarios, lugares de encuentro), son tomadas por el grupo mismo. Gratuidad: nadie lucra con el trabajo del grupo. Horizontalidad: que la diferencia de saberes (que unos sepan más y otros menos acerca de los temas de trabajo) no produzca una desigualdad política: las decisiones se toman entre todas/os las/os integrantes del grupo de lectura. Publicidad: la información para integrarse al grupo es de público conocimiento. Apertura: cualquier ser humano puede participar del grupo de lectura con sólo asistir a trabajar los temas acordados. Transdisciplinariedad: se busca expresamente romper con la compartimentación del saber en disciplinas, tomando de ciertos autores u obras problemas en su multidimensionalidad. Convocatoria permanente: se puede ingresar el grupo en cualquier momento de su trayectoria. Los grupos de lectura y estudio autoorganizados, gratuitos, horizontales, públicos, abiertos, transdisciplinarios y de convocatoria permanente conjugan la heterogeneidad de experiencias en tanto diferencia de conocimientos, con la autonomía política en cuanto a la toma de decisiones. En otras palabras, estos grupos de estudio alteran la relación saber/poder tal como existe hegemónicamente, generando un tipo de subjetividad que antagoniza con el modo académico de producción de conocimiento (claro que este antagonismo no garantiza la ruptura práctica, ya que ambos modos de producción de conocimiento pueden armonizarse en la dialéctica de «lo central» y «lo marginal», haciendo que la «línea autoorganizada» y la «línea académica» corran paralelas y no se toquen ni en el infinito). Grupos con estos caracteres (puede haber otros que no conocemos) son: «Taller de El Capital», «Kant-Hegel», «Fundamentos del pensamiento contemporáneo», «Grupo de estudios de metafísica y política», «Taller de lectura de obras fenomenológicas»... 


3. Metiendo en Psico al «tercero excluido». Leer El Anti-Edipo en una facultad de psicología puede parecer una obviedad. Un libro que sostiene desde su título la confrontación directa con la teoría psicoanalítica hegemónica en toda formación universitaria de grado –teoría según la cual «el complejo de Edipo» estructura el inconsciente– merecería al menos una lectura crítica en algún momento de la carrera. Sin embargo, es casi imposible encontrar un/a solo/a Licenciado/a que haya leído un solo parágrafo del libro durante su paso por la Facultad de Psicología de la UBA. Se podría objetar que ni en el curso de una carrera ni en el curso de una vida se puede leer TODO, y mucho menos se puede dedicar tiempo a cuanto panfleto petardista emergente del Mayo Francés haya sido escrito. Objeción que festejaríamos si no fuera porque hablamos de una obra de casi quinientas páginas (en su edición original de 1972) que, producida a cuatro manos por el psiquiatra Pierre-Félix Guattari y el filósofo Gilles Deleuze, constituye el primero de los dos tomos de uno de los más originales y fecundos tratados de economía política existentes: Capitalismo y esquizofrenia. De manera que la apuesta del GLAE podría sintetizarse, si se nos compeliera a hacerlo, como el intento de articular una serie de problemas teóricos que comprometen la formación universitaria en psicología (El Anti-Edipo y toda su densidad conceptual, o lo que podríamos llamar groseramente «el contenido») y un modo de producir conocimiento alternativo al modo académico que compromete la formación universitaria en general (el grupo de estudio con las características arriba detalladas, o lo que podríamos llamar no menos groseramente «la forma»). Temáticamente específico y formalmente genérico. Pero esta síntesis esquemática se complica doblemente. Porque, de una parte, si bien El Anti-Edipo carga las tintas contra el psicoanálisis, la problemática del libro (que incluye la problemática de su lectura) es abordada por los autores desde la multidimensionalidad de la praxis humana en general: economía, política, antropología, religión, historia, derecho, arte, ciencia, filosofía... Lo cual nos obliga a quienes participamos del grupo de lectura a salirnos de nuestra disciplina específica y ampliar la mirada hacia la comprensión e incorporación de otros saberes. Y, de otra parte, la dinámica del grupo de lectura es hipersensible a las singularidades que la producen: cada intervención, cada presencia y cada ausencia en el grupo, están preñadas de recorridos heterogéneos que traman el tejido colectivo, encuentro por encuentro. O sea que el GLAE produce y es producto de condiciones específicas que lo diferencian de cualquier otro grupo de estudio. Por lo tanto hay que decir, también, temáticamente genérico y formalmente específico. 

4. La traducción como producción. Traducir es un trabajo. Seguramente un trabajo de Sísifo, pero un trabajo indispensable ni más ni menos que como instancia de socialización de cierta producción humana: la que proviene de la lengua, justamente. Alguien lo hace. Cuando tratamos con un libro escrito originalmente en otro idioma solemos olvidar esta mediación, a tal punto que llegamos a citar el nombre de la empresa editorial y no el de su traductor/a (o sea, citamos el capital y no el trabajo). El trabajo de traducción del texto que sigue corrió por cuenta de María Inés Alman Bornes, Mariana Lómez y Federico Yamamoto, participantes del grupo de lectura de El Anti-Edipo. Esta traducción se realizó con la intención de que todas/os las/os compañeras/os tuviésemos acceso al texto, y su inclusión en el presente número de Dialéktica es, de alguna manera, una extensión de ese proyecto original, una ampliación de la recepción, habida cuenta de que la traducción castellana de El Anti-Edipo no contiene dicho prefacio. Nos inspiró el deseo de levantar por lo menos algunas de las barreras que obstaculizan la circulación de contenidos. 

Traducir un texto es transformarlo. No es un proceso mecánico, sin embargo, e implica algún grado de creatividad e invención de parte del traductor, y esta es la razón de que existan buenas traducciones y malas traducciones. A pesar de todas las afinidades, el inglés y el castellano están lejos de ser sistemas paralelos. Como consecuencia, el pasaje entre uno y otro implica siempre, además del desfase estético, una cuota de transformación de sentido. Esta cuota es variable, y es la que nos permite cotejar entre distintas opciones legítimas para traducir un determinado contenido. La disyuntiva está, generalmente, entre mantenerse fiel al significante intentando hacer una traducción lo más «paralela» posible, o priorizar el contenido conceptual tomándose algunas libertades a nivel expresivo. En el pasaje al castellano del «Prefacio» tuvimos que elegir, y lo hicimos en favor de mantenernos lo más literales posibles sin sacrificar el contenido semántico del texto; y esto por dos motivos. Primero porque es un texto complejo: maneja un grado de abstracción conceptual considerable con un nivel de redundancia muy bajo –que es lo que usualmente nos permite ir aclarando ideas mediante reiteraciones transformadas de un mismo concepto. En estas condiciones un error en la traducción de una proposición sería fatal, al punto de quedar eliminado un contenido del que ya no habrá reiteración, e incluso pudiendo generar una sucesión de equívocos. En segundo lugar, porque todo texto tiene su contraparte en la lectura, y toda lectura es situada, contextual. El traductor puede, a lo más, conocer el contexto de producción de un artículo y en función de ello elegir cómo explicar una determinada idea en otro idioma. Pero de ninguna forma puede predecir exhaustivamente el contexto ni el abordaje de la lectura. En este sentido, nuestra opción por la literalidad es una apuesta en distintos frentes: cuidar de no clausurar líneas de interpretación contenidas en el original y que pudieran escapar a nuestra lectura, ni de inventar otras nuevas ajenas a la letra del autor; pero también preservar la libertad e imaginación del lector, y la infinita riqueza del encuentro entre pensamientos, para lo cual el texto constituye apenas un medio, o una excusa. 

5. El chiste y su relación con el título. Después de realizada la traducción, nos enteramos de que el texto ya había sido traducido –por Milton J. Tornamina– y publicado entre las páginas 88 y 91 del número 17 de la revista Archipiélago (número dedicado enteramente a Gilles Deleuze). Sin más referencia que el chiste foucaultiano que asocia el libro de Deleuze-Guattari con la Introducción a la vida devota de San Francisco de Sales, el texto que en la edición estadounidense lleva el mesurado título «Preface» apareció en la revista Archipiélago como «Una introducción a la vida no fascista». Hete aquí nuestro por qué del título de estos apuntes. El academicismo no consiste simplemente en prodigar citas de autor, sino que consiste esencialmente en separar a los productores (sin distinción de claustro) de su producción, reduciendo las capacidades crítico-prácticas al trabajo de exégesis e intertextualidad. Por ello, «introducirnos a la vida no académica» no tiene nada que ver con marcharnos de la academia, como si la academia fuese un objeto exterior a nosotras/os. La academia es una relación social constitutiva de nuestras vidas cotidianas; una relación que reproducimos a lo largo y a lo ancho del tejido social: «Mi abuelo es analfabeto y sostiene la vigencia del examen». No decimos que es imposible salir de una relación social. Decimos que no hay «afuera» de una relación social. Toda transformación será inmanente o no será. La «revolución permanente» es una revolución inmanente. En este sentido, y teniendo en cuenta el carácter discreto, limitado, finito de los grupos que describimos, es que actualizamos, de manera embrionaria y efectiva, la crítica positiva de este monstruoso sistema que alimentamos y regeneramos: el modo de producción académico y sus dispositivos concretos de aplicación, desde los más enormes que nos rodean y nos aplastan hasta los más diminutos que constituyen la tiránica amargura de nuestras vidas diarias.

Publicado en revista Dialéktica,
año xvi, número 19, primavera de 2007.

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